En el pasaje bíblico de hoy, David está agobiado por presiones externas y luchas internas. Las cargas vienen de muchas formas y a menudo se sienten muy pesadas. Todos podemos identificarnos con el deseo de David de “volar lejos y descansar” (cf. Sal 55.6).
Algunas de las cargas que llevamos no forman parte del plan de Dios para nosotros. A veces arrastramos culpa incluso después de confesar el pecado, o cargamos preocupaciones sobre el futuro (Mt 6.34).
Otras cargas son parte de vivir en un mundo caído. Tenemos responsabilidades reales —familia, relaciones y trabajos— que pueden sentirse pesados. También enfrentamos conflictos que no vienen de Dios, sino de nuestra propia imperfección y la de los demás. Cuando estos desafíos se prolongan, pueden llegar a abrumarnos.
Pero cada circunstancia en la vida pasa por las manos de Dios antes de llegar a nosotros. Él no quiere que sus hijos lleven cargas sin su ayuda, y por eso nos pide que se las entreguemos y promete sostenernos (Sal 55.22).
Echar sus cargas sobre Dios significa entregarlas por completo a su control (1 P 5.7). El Señor le sostendrá con su paz mientras confía en que Él le ayudará a salir adelante.
BIBLIA EN UN AÑO: ISAÍAS 15-18