Después de escuchar a Cristo orar, los discípulos reconocieron que tenían mucho que aprender sobre cómo comunicarse con el Padre celestial, por lo que le pidieron que los enseñara. Con el Señor como modelo, podemos motivar a otros a desarrollar una vida de oración constante. Dado que el ejemplo suele ser más eficaz que la explicación, es valioso que nos vean y escuchen hablar de manera personal con Dios.
Al llevar nuestras preocupaciones al Señor, nuestros familiares y amistades verán cómo Él actúa en nuestra vida y reconocerán que el Padre celestial es nuestro proveedor, protector y guía. Observar cómo Dios atiende nuestras peticiones puede animar a otros a hacer lo mismo (Fil 4.6, 7).
Algunos creyentes aún necesitan entender que la oración no es solo una lista de peticiones, sino una conversación que fortalece nuestra relación con el Señor. Al vernos alabar su nombre y permitir que la Biblia guíe nuestras peticiones, aprenderán a orar centrados en Dios y conforme a su voluntad.
A veces, orar puede ser difícil, pero no deje de hacerlo. No olvide nunca que puede influir en los demás con su ejemplo de oración constante.
BIBLIA EN UN AÑO: SALMOS 39-43