El Señor nos ha dado una conciencia para protegernos. Para fortalecer y confiar en este sistema de advertencia, debemos comprometernos a tomar ciertas acciones:
Aplique la Palabra de Dios. Al practicar “la perfecta ley, la de la libertad” (Stg 1.25), su conciencia se fortalecerá al conocer mejor el corazón de Dios.
Tome decisiones mediante la oración. En lugar de elegir lo que suena bien, lleve cada asunto a Dios en oración.
Acepte obedecer a Dios. Al querer actuar según la voluntad del Señor, pregúntese: ¿Qué quiere Él que haga? Esto le ayudará a discernir y seguir la guía del Espíritu.
Adquiera sensibilidad a la convicción del Espíritu. Como creyentes, no estamos condenados, pero debemos distinguir entre convicción y condenación. El Espíritu nos señala con claridad lo que requiere arrepentimiento, sin dejarnos con una culpa vaga.
Entréguese a la voluntad de Dios.Comprométase cada día a ser un “sacrificio vivo”, y su conciencia lo acercará al Señor. Al renovar su manera de pensar, comprobará que la voluntad de Dios es “buena, agradable y perfecta” (Ro 12.1, 2 NVI).
BIBLIA EN UN AÑO: JUECES 16-17