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Fotografía por Charles F. Stanley.
Meditación diaria

Compañeras de la fe

Cuando creemos en Cristo, nuestro cambio interior se hace evidente en nuestro exterior por medio de las decisiones que tomamos.

Santiago 2.14-26

Sabemos que la salvación es por la gracia de Dios mediante la fe, no por las obras (Ef 2.8, 9). Por eso, algunos cristianos podrían suponer que nuestras obras no tienen importancia. Pero eso no es cierto. Aunque las buenas obras no pueden salvarnos, son compañeras constantes de la fe.

De hecho, como nos dice Santiago, la fe sin la evidencia de las buenas obras está “muerta” (San 2.17). Esto se debe a que la fe genuina siempre se expresa por medio de la acción. Y cuando las buenas obras fluyan de nuestra confianza en el Señor, veremos que Él está obrando por medio de nosotros para ayudar a los demás, y también en nosotros, acercándonos más a Él. De este modo, la fe genuina se revela por medio de una conducta piadosa, tanto en las obras que otros observan como en las cosas que hacemos y que pasan desapercibidas.

Fuimos creados en Cristo Jesús para las buenas obras que Dios dispuso que lleváramos a cabo (Ef 2.10). Él nos usa para alentarnos y fortalecernos unos a otros, proveer para los necesitados y compartir las buenas nuevas de salvación con quienes están viviendo en tinieblas espirituales. Si nuestra vida no se viera diferente de la que teníamos antes de nuestra profesión de fe, no tendríamos la seguridad de que nuestra fe sea auténtica. ¿Son las buenas obras evidencia de su vida transformada, tanto para los demás como para usted mismo?

Biblia en un año: Deuteronomio 24-27