Quizás usted haya visto un programa de televisión donde un hombre está a punto de cruzar frente a un vehículo en movimiento. Alguien corre y lo derriba para evitar la catástrofe. Al principio, la casi víctima se enfurece, hasta que comprende que acaba de ser salvada de un peligro mucho mayor.
Nuestras dificultades pueden cumplir un propósito similar. Es fácil quedar atrapados en las rutinas diarias o tan enfocados en nuestras metas que perdemos de vista lo que Dios quiere para nosotros. Al centrarnos en nuestros deseos, nos volvemos más vulnerables a tomar decisiones contrarias a la Palabra de Dios.
Pero nuestro Padre celestial desea lo mejor para sus hijos. Él hará todo lo necesario para prepararnos y posicionarnos para su bendición. Entonces, de repente, podemos enfrentar una dificultad inesperada: pérdida de empleo, crisis de salud o una relación rota. Nos preguntamos: ¿Por qué Dios permite que esto me suceda?
¿Le suena familiar? Tal vez Dios le esté protegiendo de algo que no puede ver o llamándole de vuelta a Él. El salmista entendió esto y escribió: “Me hizo bien haber sido afligido, porque así pude aprender tus estatutos” (Sal 119.71 NVI). Si atraviesa una prueba, considere si Dios podría estar redirigiéndole, interrumpiendo sus planes para cumplir los suyos.
BIBLIA EN UN AÑO: SALMOS 8-14