Solemos asociar el contentamiento con los buenos momentos; si algo sale mal, nuestra satisfacción desaparece. Pero el pasaje de hoy nos dice que Pablo aprendió a estar contento sin importar sus circunstancias. Lo que quiere decir que no estamos a merced de las circunstancias y podemos aprender a estar contentos pase lo que pase. Debemos recordar que:
Pablo estaba contento porque descansaba en la fidelidad de Dios. Sabía que Él tenía el control y obraba todo para el bien de sus hijos (Sal 103.19; Ro 8.28). Siempre hay seguridad en su mano soberana y amorosa.
Su contentamiento también fluía de un enfoque en Cristo. Aunque escribía desde la prisión, Pablo no se sumía en la autocompasión. En su carta a los Filipenses, habló de Cristo, mostrando que su mayor anhelo era conocerlo, experimentar su poder y hallar gozo incluso en los sufrimientos (Fil 3.10). Cada situación era una oportunidad de acercarse más a su Salvador.
Las circunstancias no pueden producir un contentamiento duradero, pero este se puede encontrar en el Señor Jesucristo. Rendir nuestra vida a Él puede que no cambie la situación, pero nos cambiará a nosotros. Entonces, sin importar qué dificultades surjan, podemos estar verdaderamente satisfechos.
BIBLIA EN UN AÑO: DEUTERONOMIO 9-11