Si pudiera cambiar sus circunstancias, ¿lo haría? La mayoría de las personas diría que sí. Pero debemos aprender a vivir con algunas dificultades, pues solo Dios tiene el poder de cambiarlas, y en su sabiduría, ha permitido que permanezcan.
Consideremos a Pablo, quien deseaba predicar el evangelio en Roma pero no anticipó la ruta que Dios usaría: falsas acusaciones en Jerusalén, apelación a César, viaje por mar, naufragio y tiempo en prisión. Aun encadenado a un guardia romano, escribió que sus “circunstancias han resultado para el mayor progreso del evangelio”, pues la “causa de Cristo” era conocida como motivo de su encarcelamiento, y animó a muchos a hablar como testigos de Él (Fil 1.12-14).
Lo que parece un naufragio o desvío en nuestros planes podría ser en realidad el camino ordenado por Dios para nosotros. Puede incluir problemas económicos, problemas de salud o conflictos con otros, pero hay una certeza a la que podemos aferrarnos: Jesucristo es nuestra vida, y Él nunca cambia.
Las circunstancias cambiarán, pero si pertenecemos a Cristo, Él usará cada situación para cumplir su voluntad en nosotros. Tengamos el mismo deseo de Pablo: que el Señor Jesucristo sea exaltado en nosotros, pase lo que pase.
BIBLIA EN UN AÑO: DEUTERONOMIO 6-8