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Pingüinos en la Patagonia. Fotografía por Charles F. Stanley.
Meditación diaria

El fruto espiritual de la paciencia

A medida que crece nuestra confianza en Dios, también aumenta nuestra capacidad de esperar y aceptar su voluntad.

Colosenses 3.12, 13

El “fruto del Espíritu” incluye paciencia (Ga 5.22, 23), pero el Espíritu Santo no la impone por la fuerza. Más bien, nos guía como un maestro fiel y hace posible nuestro crecimiento. El fruto espiritual nos ayuda a madurar con el tiempo, a medida que obedecemos al Señor y nos sometemos a su voluntad.

La paciencia implica esperar el tiempo de Dios, tanto en lo que deseamos como frente a los desafíos que otros nos causan. Es el fruto de una fe que se profundiza. El Espíritu Santo nos ayuda a reconocer la obra del Señor a lo largo de la vida, y nuestra confianza se fortalece al ver oraciones respondidas y el bien que Dios saca de las circunstancias difíciles. Así, crecemos en confianza en su bondad y soberanía, y aprendemos a esperar sus soluciones y resultados.

De hecho, reconocer la soberanía de Dios es clave para volvernos más pacientes. Una parte importante de rendirnos a su control es esperar que Él obre conforme a su voluntad.

La paciencia no surge de forma natural. El Espíritu Santo fortalece nuestra determinación para soportar sin quejarnos. Al fin y al cabo, Dios parece lento solo desde una perspectiva humana. Desde una perspectiva divina y eterna, Él siempre actúa a la velocidad perfecta.

BIBLIA EN UN AÑO: 1 REYES 8-9