La Palabra de Dios describe a los creyentes como “embajadores” (2 Co 5.20), “soldados” (2 Ti 2.3) y “santos” (Ef 2.19). Pero quizá el honor más alto es ser llamados siervos del Dios Altísimo. Desde la perspectiva del mundo, quienes mueren a sí mismos para seguir al Señor pueden estar en el último lugar; sin embargo, en realidad, son los primeros en su reino (Mt 20.16).
Dios nos coloca en situaciones, lugares y ministerios donde podamos tener un impacto para Cristo. Pensemos en la madre que cría hijos piadosos o en quien, postrado, ora fielmente por su iglesia. Aunque no impliquen reconocimiento mundano, ambos sirven al Señor, y Él se agrada de tal fidelidad.
No hay posiciones sin importancia en el reino de Dios. El tipo de servicio puede cambiar según las etapas de la vida, pero siempre estamos a su servicio. Para cumplir sus propósitos, el Señor usa cualquier tiempo, talento y recurso que tengamos.
El servicio al Señor no se trata de lo que hacemos, sino de cuán bien hacemos todo lo que Él nos ha encomendado (1 P 4.10). Un buen siervo comparte tanto la actitud de humildad de Jesucristo como su motivación de alcanzar a las personas con el amor de Dios.
BIBLIA EN UN AÑO: JEREMÍAS 6-8