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Campanas y cúpulas en Santorini, Grecia. Fotografía por Charles F. Stanley.
Meditación diaria

El servicio es un reconocimiento

Cada seguidor de Cristo está llamado a servir.

Salmo 100.1, 2

¿Quién es un siervo de Dios? ¡Nosotros! Algunos creen que hay dos grupos: siervos (individuos en ministerio de tiempo completo) y laicos. Pero la Biblia no hace tal distinción. Pablo, les recuerda a los efesios que los creyentes somos salvos para servir (Ef 2.10).

Si no hubiera otra razón para servir a Dios, aparte de la gratitud por la salvación, esa sería razón suficiente. Somos rescatados y se nos da vida eterna junto con la presencia interior del Espíritu Santo. Nuestro servicio es un reconocimiento de todo lo que el Padre hizo por nosotros al enviar a su Hijo.

Muchas personas —incluidos creyentes— sirven al gran “yo”. Se preguntan: ¿Qué me satisface? ¿Qué necesito para ser feliz? Esta es una dura realidad y fácil de resumir: si el “yo” es nuestro amo, caemos en la “yo-dolatría”. Todo lo que ocupa el primer lugar por encima de Dios se convierte en un ídolo.

El servicio no es solo una buena idea. Dios nos llama a ser siervos para que cada uno invierta su vida en un propósito de valor eterno: la salvación de otros y su posterior discipulado para la gloria de Él. Nuestro trabajo puede parecer pequeño o nuestras limitaciones grandes, pero la verdad es que todos somos siervos de Cristo con un papel en el reino.

BIBLIA EN UN AÑO: LEVÍTICO 14-16