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Parque Nacional de la Bahía de los Glaciares, Alaska. Fotografía por Charles F. Stanley.
Meditación diaria

Humildad y grandeza

En una sociedad que idolatra el éxito, somos llamados a algo más grande: usar nuestros dones para servir al Señor.

Mateo 20.20-28

¿Qué quiere que Cristo haga por usted? Esa es la pregunta que el Señor Jesús le hizo a la madre de Jacobo y Juan cuando ella pidió que se diera a sus hijos posiciones de prominencia y autoridad en su reino (Mt 20.20, 21). Vale la pena examinar nuestras propias peticiones al Señor: ¿qué le estamos pidiendo?

Vivimos en un mundo que equipara la grandeza con el poder, la visibilidad y el ascenso en la escalera del éxito. Pero Jesucristo enseñó algo muy diferente: “El que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor” (Mt 20.26). En el reino de Dios, la grandeza se mide por el servicio humilde a los demás, no por los logros o el reconocimiento terrenal.

La verdadera grandeza, desde la perspectiva del cielo, no se mide en la Tierra sino en la eternidad. Cuando estemos ante el tribunal de Cristo, Él evaluará cómo servimos a otros en su nombre, no nuestras impresionantes credenciales.

Los cristianos humildes entienden quiénes son y quién es el Señor. Su misión mientras están en la Tierra es usar todo lo que Él les ha confiado de maneras que lo glorifiquen y bendigan a otros. Este es el camino que Jesucristo modeló para nosotros: no aferrarnos a las posiciones, sino servir con los dones que se nos han sido otorgados.

BIBLIA EN UN AÑO: JEREMÍAS 12-14