La parábola del hijo pródigo es una hermosa imagen de la gracia que Dios derrama sobre nosotros cuando nos arrepentimos y nos volvemos a Él. En esta historia, el padre ha sido muy irrespetado por su hijo menor, pero él sigue esperando con paciencia que vuelva a casa. Al final, cuando el joven está regresando, el padre corre a encontrarse con él y ordena a los sirvientes que preparen un banquete. Sus ansias por celebrar el regreso de su hijo ejemplifica lo dispuesto que está Dios para recibirnos cuando nos volvemos a Él. También nos ofrece un modelo perfecto de cómo debemos demostrar gracia a los pródigos que hay en nuestra vida.
Esta ilustración del carácter de Dios subraya la afirmación de Pablo en Efesios: “En Él tenemos redención mediante su sangre, el perdón de nuestros pecados según las riquezas de su gracia que ha hecho abundar para con nosotros” (1.7, 8 LBLA). Cuando nos volvemos a Dios, Él nos derrama su gracia. No perdona nuestros pecados con renuencia ni mantiene un registro de nuestras faltas. Ofrece una redención total que conduce a una vida nueva.
¿Necesita usted ese tipo de gracia hoy? Sepa que Dios está listo para sumergirle en ella (Jn 1.16, 17). O tal vez necesite ofrecerla a alguien. Que la imagen del padre perdonador en el pasaje de hoy sea un recordatorio de la gracia que Dios nos llama a extender.
Biblia en un año: SALMOS 39-43