En el versículo 4 del pasaje de hoy, Pablo advierte contra enredarnos en los asuntos de la vida diaria. La imagen es vívida: un soldado tan envuelto en preocupaciones civiles que no puede moverse con libertad para servir a su comandante.
Pablo no le decía a Timoteo que abandonara sus responsabilidades terrenales; él mismo trabajó como fabricante de tiendas mientras ministraba. Más bien, advertía contra dejar que las ocupaciones diarias reemplazaran el compromiso con Cristo. Cuando el trabajo, las finanzas o el ocio nos consumen y nuestras disciplinas espirituales sufren, estamos enredados.
Mejorar nuestra situación económica, proveer para nuestra familia y disfrutar de descanso son asuntos importantes que Dios aprueba. Sin embargo, es importante evitar que estas bendiciones se conviertan en distracciones que nos alejen de la iglesia, la oración o el estudio de la Biblia. Por tanto, debemos evitar dividir nuestra vida en “tiempo para el ministerio” y “vida cotidiana”.
Somos hechura de Cristo sin importar dónde estemos o qué estemos haciendo (Ef 2.10). Todo lo que Dios nos da —vocación, recursos, descanso— debe usarse para su gloria. La pregunta no es si trabajamos o descansamos, sino si estas cosas buenas nos impiden servir a nuestro Líder con libertad.
BIBLIA EN UN AÑO: JOB 26-30