Una de las promesas más generosas de Dios a sus hijos se encuentra en el pasaje de hoy. No solo se nos concede permiso para venir al Padre con nuestras peticiones, sino que también Él promete responder nuestras oraciones. Sin embargo, quizás usted esté pensando: Si esto es cierto, ¿por qué no me ha dado lo que le pedí?
La clave para entender este pasaje está en el versículo 11: “Pues si ustedes, siendo malos, saben dar buenas dádivas a sus hijos, ¿cuánto más su Padre que está en los cielos dará cosas buenas a los que le piden?”. El Dios que nos creó conoce nuestras necesidades mejor que nosotros mismos (6.8 NBLA).
Podemos pedir lo que percibimos como bueno y necesario cuando en realidad no es lo mejor para nosotros. Pero nuestro Padre nos da lo que Él sabe que es más beneficioso. Las cualidades del carácter semejante a Cristo están entre sus mejores regalos, y estas se desarrollan a través de las pruebas y las dificultades.
Cuando parezca que el Señor no está respondiendo sus peticiones, recuerde que Él es un Padre amoroso y considere qué buenos regalos le está dando en vez de las respuestas que espera. Aunque tal vez tome años adquirir una perspectiva piadosa, con el tiempo usted dirá: “Señor, tenías razón. Gracias por darme lo que de verdad necesitaba”.
BIBLIA EN UN AÑO: JOB 17-21