Cuando el Señor Jesucristo nació los israelitas estaban experimentando una gran opresión. Por eso, esperaban con ansias al Mesías prometido, a quien suponían que traería libertad y victoria.
En lugar de derrocar a los romanos, el Señor enseñó a respetar a las autoridades y a amar a los enemigos. En vez de buscar la victoria solo para los judíos, trajo bendición incluso a los gentiles y a los samaritanos despreciados (Jn 4.4-30; Lc 7.6-10). La gente esperaba que venciera a la nación opresora mediante la batalla, pero permitió que quienes tenían autoridad lo crucificaran.
Así que, pensando los judíos que el Señor Jesús no era el Salvador prometido que liberaría al pueblo escogido de Dios, lo rechazaron. No entendieron que lo que más le importaba a Cristo era la libertad de nuestro corazón. Él vino para liberarnos de la esclavitud del pecado en nuestra vida, pero no siempre nos libra de nuestra circunstancia actual.
Jesucristo vino por usted, Él murió para rescatarle del pecado. ¿Ha aceptado su regalo de salvación? Su presencia puede transformar su vida, y su verdad puede vencer los pensamientos dañinos y errados. Caminar con el Señor significa caminar en libertad de verdad. Siempre podemos apoyarnos en su poder y elegir el camino correcto.
BIBLIA EN UN AÑO: 2 REYES 21-23