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Fotografía por Charles F. Stanley.
Meditación diaria

Nuestra perspectiva en la oración

Un concepto preciso de Dios es crucial para escucharlo correctamente.

Salmo 95.6-8

A veces nuestras conversaciones con Dios son fructíferas. Otras veces, el orar se siente como hablarle a una pared. Pero, en realidad, no debería sorprendernos tal variación. ¿Por qué esperar que nuestra experiencia al orar sea siempre la misma cuando nosotros no somos los mismos siempre? El modo en que hablamos y escuchamos a Dios depende de...

  • NUESTRA COMPRENSIÓN DE QUIÉN ES DIOS. La manera en que veamos al Señor cambia la manera en que lo escuchamos. Por ejemplo, si usted ve a Dios como un Padre amoroso, escuchará su voz alentadora y aceptará su disciplina amorosa. Pero si lo ve como un Padre severo y exigente, entonces puede sentir que nunca podrá estar a la altura de sus expectativas.

  • NUESTRA ACTITUD HACIA DIOS. Si venimos al Señor con una conducta orgullosa o rebelde, es menos probable que escuchemos su voz o aceptemos su autoridad. Pero cuando tenemos una conducta abierta o inquisitiva, estamos más preparados para escuchar —y recibir con alegría— lo que Él nos esté comunicando.

La próxima vez que ore, tómese un momento para preguntarse: ¿Cómo estoy imaginando a Dios en este momento? Si le viene a la mente algo negativo, recuerde el versículo 7 del salmo de hoy: “Él es nuestro Dios; nosotros el pueblo de su prado, y ovejas de su mano”.

Biblia en un año: Daniel 3-4