Ayer comenzamos a leer el Salmo 37 y hablamos de lo que debemos hacer para recibir las peticiones de nuestro corazón. Pero si seguimos leyendo, encontramos que el salmista nos anima a descansar en el Señor y a esperar pacientemente a que Dios actúe.
Descansar suena fácil, pero a veces puede requerir una fuerza sobrenatural. Nuestra tendencia natural es precipitarnos, preocuparnos e imponer nuestros planes, la cual aleja nuestra mente del deleite y la confianza en el Señor. Cuanto más fuerte es nuestro deseo, más impaciente somos. A veces incluso podemos tratar de darle a Dios un cronograma, pero el verdadero descanso ocurre en el suyo. Solo Él entiende cada circunstancia y conoce el momento preciso, el mejor, para responder a nuestra oración.
Por tanto, los principios básicos del Salmo 37 están interrelacionados: debemos pasar tiempo disfrutando de Dios para aprender a confiar en Él y comprometernos con su camino. Y hacer esto nos libera para descansar en su control y esperar pacientemente a que Él actúe.
Tómese un momento para orar, diciendo: Padre, gracias por concederme los deseos de mi corazón. Ayúdame hoy a deleitarme en ti, a entregarte todo y a descansar sabiendo que tú tienes todo bajo control. Esperaré por tu tiempo perfecto. Amén.
Biblia en un año: 1 Crónicas 25-27