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Parque Nacional Torres del Paine, Patagonia, Chile. Fotografía por Charles F. Stanley.
Meditación diaria

Nuestro puente hacia Dios

Jesucristo es el puente que cruza el abismo entre Dios y nosotros, uno que jamás podríamos atravesar por nuestra cuenta.

Juan 14.1-6

En el versículo 6 del pasaje de hoy, el Señor Jesús dice: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre sino por mí”. ¡Qué declaración tan poderosa e inspiradora!

Cuando el Señor se llama a sí mismo “el camino”, muchos se imaginan una calle de un solo sentido: hay muchos caminos, pero Él es el único que conduce al Padre. Esto es cierto, pero hay otra imagen que refleja mejor nuestra situación.

Pensemos en Cristo no como un camino, sino como un puente. El apóstol Pablo nos dice en Romanos 3.23 que “por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios”. Entre Dios y nosotros hay un gran abismo que no podemos cruzar por nuestros propios medios. Por más que lo intentemos con nuestra propia fuerza, no podemos acortar la distancia.

Solo hay una manera de cruzar ese ancho abismo: un puente. Eso es el Señor para nosotros. Él se coloca en medio, proveyendo un paso seguro sobre el vacío y llevándonos a los brazos de nuestro Padre celestial.

Medite hoy en el hecho de que sin la ayuda de Dios, no podemos acercarnos a Él; el cielo permanecería siempre fuera de nuestro alcance, más allá de un gran abismo. Al comprender esto, empezamos a valorar el verdadero poder de la cruz.

BIBLIA EN UN AÑO: ESDRAS 1-4