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Maui, Hawái. Fotografía por Charles F. Stanley.
Meditación diaria

Tristeza en la celebración

Dios comprende las complejidades del corazón humano y es fiel en todos los momentos de confusión que enfrentamos.

Esdras 3.10-13

¿Alguna vez ha esperado usted un largo tiempo y finalmente ha obtenido algo que quería mucho? Tal vez esperó décadas para ver a un pariente cercano. O quizás dejó su país natal y nunca esperaba volver allí. ¿Cómo se sintió cuando al fin llegó el momento? A veces, la realidad al final de un largo período de ansiosa expectativa resulta agridulce.

La destrucción del templo de Jerusalén y el exilio a Babilonia fueron traumáticos. Los israelitas esperaron 70 años por la redención y la oportunidad de regresar. Ahora, en Esdras 3, finalmente ha llegado el momento: el pueblo ha vuelto y también se han colocado los cimientos del templo. Lo que se perdió será reconstruido al fin. ¿Puede usted imaginarse el alivio, la celebración?

Pero también hay llanto. La generación mayor recuerda lo que hubo antes y sabe todo lo que se ha perdido. Esta redención, aunque es motivo de alegría, despierta recuerdos de lo que nunca volverá a ser.

En esta vida fugaz, tenemos momentos de alegría y de tristeza (Ecl 3.4), y a veces se entremezclan de una manera que no podemos entender o esperar separar nunca, y Dios no nos pide que lo hagamos. Él permanece fiel a nosotros en esos momentos, y en mil más, hasta que llegue el día en que enjugará toda lágrima (Ap 21.4).

Biblia en un año: 2 CRÓNICAS 35-36