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Parque Nacional Zion, Utah Fotografía por Charles F. Stanley.
Meditación diaria

Vivir en la gracia de Dios

La gracia de Dios es infinita, y Él nos invita a hacer de ella nuestro hogar.

Filipenses 1.1-11

Ya que todas las cartas de Pablo comienzan con una expresión de la gracia de Dios, podemos sentirnos tentados a pensar que es solo un saludo habitual. Pero en realidad, la gracia de Dios es nuestro fundamento y la atmósfera misma en la que vivimos como creyentes en Cristo.

La gracia es el favor inmerecido de Dios. Según Efesios 2.8, es el medio por el cual somos salvos mediante la fe, y en Romanos 5.2 se nos dice que por ella “tenemos entrada a esta gracia en la cual estamos firmes”. No es un regalo de una sola vez, sino una obra continua. Por eso Pablo afirma que Dios “perfeccionará la buena obra que comenzó en nosotros” (Fil 1.6).

A veces es difícil ver lo bueno en nosotros mismos, porque sabemos lo débiles y defectuosos que somos. Pero incluso esa conciencia puede acercarnos más a Cristo. Si hemos sido salvos, el Señor vive en nosotros y nosotros en Él (1 Jn 4.13). Jesucristo es nuestra justicia (1 Co 1.30) y está produciendo su fruto en nuestra vida mientras permanecemos en Él. Este proceso, conocido como santificación, es la gracia de Dios obrando para alinear nuestro carácter con el del Hijo. Así que mantengámonos firmes en la gracia divina y confiemos en que Dios terminará la obra que inició en nosotros.

BIBLIA EN UN AÑO: EZEQUIEL 29-31