¿Se siente espiritualmente débil en un mundo que exige una fuerza sobrenatural? Basándose en Hechos 1.8, el Dr. Stanley revela cómo el poder sobrenatural de Dios está al alcance de todos los creyentes. Descubra cómo no dejarse llevar por las circunstancias y comenzar a vivir con el poder del Espíritu.
Bosquejo del Sermón
El Espíritu Santo vino a morar en cada creyente por una razón, y no solo para vivir en nosotros. Esta semana, el Dr. Stanley examina lo que significa andar en el poder del Espíritu y cómo, en ocasiones, impedimos experimentarlo a plenitud.
Pasaje clave: Hechos 1.1-8
Lecturas de apoyo: Lucas 24.48, 49; Juan 7.38; Hechos 4.31-33; 1 Corintios 2.1-5; 2 Corintios 3.4-6
¿Vive usted en el poder del Espíritu Santo o depende de sus propias fuerzas?
“¿Cuál es mi potencial para Dios si le entrego todo?”.
El poder del Espíritu Santo está disponible para todos los creyentes.
La promesa de la venida del Espíritu Santo (Hechos 1.1-8) sigue en pie en nuestra época. Si usted es salvo, el Espíritu mora en su vida.
El poder de Dios no está reservado solo para los pastores y maestros de la Biblia.
Como es un poder sobrenatural, solo Dios puede darlo.
El ejemplo de Pablo:
Pablo llegó a Corinto con debilidad y mucho temor. No llegó con palabras persuasivas ni confiando en sus habilidades. Su único mensaje fue Jesucristo crucificado (1 Co 2.1-5; 2 Co 3.4-6).
Nuestra suficiencia nunca proviene de nosotros mismos. Viene de Dios, quien nos capacita como siervos de un nuevo pacto.
“Dios desea que demos un paso adelante y digamos: ‘Aquí estoy, Señor. Me entrego por completo a Ti’”.
Existen seis requisitos para poder experimentar el poder del Espíritu Santo:
Pureza de corazón. La pureza y el poder son inseparables. No podemos permanecer en el pecado y pensar que seremos bendecidos por Dios al mismo tiempo.
Un espíritu obediente. No se trata de ser obedientes una vez, sino de que la obediencia sea parte de nuestro estilo de vida.
Un espíritu humilde. El orgullo y el poder espiritual no pueden coexistir. Debemos escoger cuál de los dos deseamos tener.
Participar en el ministerio. El poder de Dios fluye de nosotros hacia las demás personas.
Oración perseverante. Hablar a diario con el Padre celestial mantiene el corazón puro, motiva al espíritu hacia la obediencia y nos prepara para recibir la dirección del Señor.
Confiar en Dios. Debemos avanzar con fe y decir: “Dios, solo Tú puedes realizar esta obra”.
Después de ver el sermón
Imagínese tratando de llenar un barril, haciendo uso de un vaso. Luego, imagínese que alguien le permite usar una manguera. La mayoría de las veces, nuestra vida se asemeja al primer ejemplo; tratamos de obtener resultados con nuestras propias fuerzas. Sin embargo, el poder del Espíritu Santo ya está conectado a nosotros y fluye a toda presión. No tenemos que afanarnos, sino permitir que haga su obra por medio de nuestros.
Busque un pequeño recipiente. Cada vez que ponga algo en las manos de Dios, ponga algo pequeño en él, como una piedra, moneda, frijol o pedazo de papel. No se trata de llevar la cuenta de lo mucho que ha dado, sino de lo mucho en lo que ya ha confiado en el Señor. Y, cuando una preocupación del pasado regrese, ese recipiente será un recordatorio de que ya ha puesto esa situación en las manos de Cristo.