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Sermón de TV

La obediencia en la vida del creyente

Cuando obedecemos a Dios, demostramos nuestro amor por Él e invitamos sus bendiciones a entrar en nuestras vidas.

Predicado por primera vez el 16 de agosto de 2015

La obediencia es, sin duda, la mejor manera de vivir para el creyente. El Dr. Stanley enseña que obedecer consiste en hacer lo que Dios dice, como Él lo dice y cuando Él dice que lo hagamos. Descubra lo que significa vivir en obediencia a Dios al demostrar su amor por Él e invitar sus bendiciones a entrar en su vida.

Bosquejo del Sermón

Vivir en la voluntad de Dios puede ser algo difícil. Sin embargo, cuando ignoramos su dirección y tomamos decisiones que parecen buenas ante nuestros ojos, cada error hace que el próximo sea más fácil de justificar. Esta semana, el Dr. Stanley explica que la vida que agrada al Señor no gira en torno a la perfección. Y, sin importar cuánto nos hemos alejado de los caminos de Dios, podemos dar media vuelta y retornar a sus sendas.

Pasaje clave: Génesis 2.15-17

Lecturas de apoyo: 1 Samuel 12.15; Juan 14.15, 21, 23, 24; Efesios 6.1-3

Antes de comenzar su día, ¿piensa en cuanto a lo que Dios desea y se dispone a hacer aquello que a Él le agrada?

► “La obediencia significa hacer aquello que Dios nos dice, de la manera en que nos lo ha pedido y de acuerdo a su tiempo”.

Lo que necesitamos comprender acerca de la obediencia:

  • Se menciona en los primeros pasajes de la Biblia (Gn 2.15-17).

  • Tenemos que obedecer a Dios como nuestra máxima autoridad.

  • Siempre han existido consecuencias por violar sus mandamientos.

  • El modelo que enseñamos a nuestros hijos es el reflejo de nuestra relación con el Señor (Ef 6.1-3). Aprender a obedecer a las autoridades terrenales nos prepara para someternos a la autoridad divina.

  • Cuando desobedecemos a Dios, el camino de regreso es uno solo: Debemos confesárselo, pedirle perdón, cambiar nuestro curso (arrepentirnos), y seguir adelante con fe.

  • La obediencia parcial es desobediencia. Dios nos ha llamado a que le sigamos en todo momento, y no de manera selectiva.

► “No existe pecado alguno que valga las consecuencias que sufrimos. Ni tan siquiera uno”.

El costo de la desobediencia.

  • Rebelarse en contra de los mandamientos de Dios es rebelarse en contra de Dios mismo (1 S 12.15).

  • Todo pecado conlleva una penalidad, aun cuando las consecuencias no son obvias de manera inmediata.

  • No podemos negociar con Dios ni ganarnos su favor por nuestros propios medios.

En qué consiste la obediencia:

  • El amor hacia Dios se demuestra por medio de la obediencia. Jesucristo enfatizó esto en repetidas ocasiones (Jn 14.15, 21, 23, 24).

  • Dios no busca perfección, sino un corazón que desee seguirlo.

  • El Espíritu Santo fortalece nuestra obediencia al darnos convicción de pecado, para guiarnos al arrepentimiento, mientras nos ayuda a tomar decisiones sabias y nos da las fuerzas para vencer los malos hábitos.

► “El Espíritu Santo nos capacita para que hagamos lo correcto”.

¿Qué nos motiva a obedecer de manera genuina?

  • La reverencia. Reconocer quién es Dios; el soberano creador de todo lo que existe.

  • El amor. El deseo que sentimos de agradar al que mora en nosotros, y saber que deleitar al Padre celestial nos da un gozo genuino.

Después de ver el sermón

  • Intente comenzar cada día con esta oración: Señor, deseo honrarte por encima de todo. Permite que pueda percibir tu voluntad cada día. Guía mis pasos, y fortaléceme cada vez que sea tentado para que pueda alejarme del pecado. En el nombre del Señor Jesucristo, amén.

  • Esta semana, antes de acostarse, dedique unos minutos para reflexionar con sinceridad. Pregúntese: ¿Hacia qué dirección me estuvo guiando Dios hoy? ¿Y, lo seguí? ¿En qué aspecto cedí o retrocedí? La meta no es condenarnos a nosotros mismos, sino estar apercibidos. Reconocer nuestros malos hábitos es el primer paso para cambiarlos.