¿Alguna vez se ha desvelado pensando en todo lo que podría perder: la buena salud, un ser querido o la seguridad que ha construido? El temor puede ser tan angustiante como la pérdida misma. Habacuc conocía ese sentimiento, pero después de luchar delante de Dios, en medio de la duda y el temor, llegó a una declaración de fe que contemplaba lo peor y, aun así, decidió adorar a Dios.
Ilustración por Jeff Gregory
Contexto
El profeta Habacuc vivió en Judá en una época de violencia e injusticia, y su breve libro comienza con una cruda queja: “¿Hasta cuándo, oh Jehová, clamaré, y no oirás?” (Hab 1.2). Después de luchar con Dios y adoptar una actitud de espera vigilante (Hab 2.1), Habacuc llegó al capítulo 3 con una fe que se había convertido en adoración.
Lea
Reflexione
La fe del profeta no nació de circunstancias fáciles; se forjó en momentos de sincera contienda con Dios.
El versículo 16 comienza diciendo: “Oí, y se conmovieron mis entrañas”. El temor de Habacuc no era abstracto. Sus labios temblaban, sus huesos se debilitaban y sus piernas se estremecían. Aun así, llevó su temor ante Dios, decidido a “estar quieto”. ¿Qué nos enseña esto sobre la oración y sobre Dios? Que la fe y el temor pueden habitar el mismo corazón al mismo tiempo.
En el versículo 17, Habacuc enumera todo lo que podría perder: la higuera, las vides, los olivos, los campos, las ovejas y el ganado. En una cultura agraria, esto representaba todo: el alimento, el sustento y la supervivencia. Note que Habacuc describía el temor a la pérdida, no la pérdida en sí; se estaba preparando para enfrentar esa posibilidad.
Al enumerar la posible devastación, Habacuc comenzó cada escenario del versículo 17 con la palabra “aunque”. Esta palabra revela una fe capaz de sostenerse “aun si” ocurrieran tales cosas, orientándolo hacia el Señor en medio de la pérdida prevista. ¿Qué le dice esto sobre cómo cultivar nuestra confianza en Dios antes de que llegue una crisis?
Continuación del estudio
Después de luchar con Dios y considerar sus posibles pérdidas, Habacuc dio un giro con una sola frase.
El versículo 18 comienza con las palabras “con todo”, que tienen un peso enorme. Todo lo anterior es devastación potencial; todo lo que sigue es adoración elegida. Habacuc no esperó a que las circunstancias mejoraran para regocijarse. ¿Cómo explicaría esta idea de que el júbilo puede ser una actitud de fe más que una respuesta a las circunstancias? Si alguna vez ha elegido confiar en Dios en medio del temor, ¿cómo fue esa experiencia?
El versículo 19 dice: “Jehová el Señor es mi fortaleza” y luego describe lo que esa fortaleza produce: “El cual hace mis pies como de ciervas, y en mis alturas me hace andar”. Habacuc no esperaba un terreno llano, pero confiaba en que Dios le daría fuerzas para recorrer cualquier terreno.
Reflexione
El “con todo” del versículo 18 está al alcance de todo creyente, no como un sentimiento que debemos esperar, sino como una declaración que podemos hacer en medio de cualquier situación.
La lucha de Habacuc era sincera y su temor, real. Pero, sobre todo, su declaración fue una elección. Ese mismo camino está abierto para usted. Sea lo que sea que esté enfrentando o temiendo, puede acudir a Dios, reconocer lo que podría perder y aun así decir: “Con todo, yo me alegraré en Jehová, y me gozaré en el Dios de mi salvación” (v. 18).