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Kauai, Hawái. Fotografía por Charles F. Stanley.
Meditación diaria

Ayuda para nuestra sanidad

En la enfermedad, debemos confiar en Dios, aun cuando el camino sea difícil.

12 de enero de 2026

Santiago 5.13-20

Dios se preocupa por nuestro bienestar físico. Después de todo, Él creó nuestro cuerpo para ser templo de su Espíritu.

Algunas decisiones pecaminosas pueden causar enfermedad (Jn 5.14). Cuando sufrimos, pidamos a Dios que examine nuestro corazón (Sal 139.23, 24). Pero la mayoría de las enfermedades son parte de nuestra condición humana, no de un pecado que hayamos cometido. La verdad es que todos enfermamos en algún momento de nuestras vidas. Entonces, ¿qué respuesta espera Dios de nosotros?

Nuestro Padre celestial quiere que seamos conscientes de su presencia y que mantengamos una comunicación constante con Él (1 Ts 5.17), confiando en su fidelidad mientras recibimos tratamiento médico. Cultivar un hábito de oración continua es la mejor preparación para lo inesperado.

La Palabra de Dios también nos llama a orar unos por otros. Nos instruye a llamar a los ancianos de la iglesia para que oren y unjan al enfermo con aceite en el nombre de Cristo (Stg 5.14).

Nuestro Padre celestial tiene poder para sanar, pero a veces permite que la enfermedad permanezca. Al orar por salud, hagámoslo con fe en su poder y confianza en su perfecta voluntad.

BIBLIA EN UN AÑO: GÉNESIS 39-41

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