Hágase esta pregunta: Cuando se trata de mi fe, ¿qué clase de luz soy? ¿Es su luz un parpadeo que otros pueden ver solo si ponen atención? ¿O es una llama que ilumina todo cuando usted entra en una habitación? Recuerde que incluso una pequeña llama, cuando es fuerte, alumbra toda la habitación. Por lo tanto, como cristianos, debemos “brillar”, sin importar dónde estemos.
La falta de visión espiritual puede opacar nuestro resplandor y hacernos perder bendiciones. A veces pensamos que debemos ver con claridad lo que el Señor hará antes de cooperar con Él. No obstante, estamos llamados a ser embajadores fieles, confiando en que su Espíritu obrará en los corazones de las personas.
Como creyentes, todos somos especiales: somos “hechura” de Dios, como dice Efesios 2.10. Pertenecemos a su familia y en nosotros habita el Espíritu Santo; su luz brilla a través de nosotros. Por eso, nuestra vida tiene un potencial inimaginable. No podemos imaginar todo lo que el Señor puede hacer cuando estamos dispuestos a reflejar la luz de su amor.
Si su oración es: “Padre, haz lo que quieras con mi vida”, puede estar seguro de que Él le revelará el siguiente paso. Dios está dispuesto y listo para obrar en la vida de cualquier persona que elija estar disponible para Él.
BIBLIA EN UN AÑO: GÉNESIS 49-50