El conocimiento puede ser un bien preciado en el mundo, pero lo que el Señor valora es la sabiduría (Pr 8.11). Él quiere que veamos la vida desde su perspectiva y que evaluemos todo de acuerdo con los principios bíblicos.
Entonces, ¿cómo podemos adquirir sabiduría? La respuesta obvia es que debemos buscarla. Sin embargo, a menudo, las personas que dicen querer ser sabias hacen poco para que eso suceda.
El primer lugar donde buscar sabiduría es la Biblia. Allí se nos dice que prestemos atención a las palabras de Dios y que guardemos sus mandamientos en nuestro corazón (Pr 4.20-22). Otra fuente de sabiduría es el consejo de buenos cristianos (Pr 12.15); Dios trae a nuestra vida a otros creyentes para que nos den consejos, estímulo o reprensión. De hecho, de acuerdo con ese mismo versículo, quienes ignoran las palabras de una persona justa son calificados como “necios”. Por tanto, rodéese de otros seguidores de Cristo que busquen lo que el Señor valora.
Nuestro Padre celestial asegura que quienes busquen la sabiduría la hallarán (Pr 8.12, 17). Los creyentes diligentes descubrirán que poseen un tesoro abundante: además de la agudeza piadosa, tendrán conocimiento, discernimiento y prudencia, riquezas raras en el mundo moderno y herramientas indispensables para contribuir al avance del reino de Dios.
Biblia en un año: Levítico 1-4