Difundir rumores acerca de otras personas revela poco sobre quien es objeto del comentario, pero dice mucho acerca de quien habla. Entonces, ¿qué podemos hacer cuando sentimos la tentación de chismear?
Primero, debemos confesar nuestro pecado y pedirle al Señor que nos ayude a alejarnos de la tentación de hablar mal de otros. Una práctica útil es orar cada día con las palabras del Salmo 141.3: “Pon guarda a mi boca, oh Jehová; guarda la puerta de mis labios”. Lo cual nos ayuda a ser conscientes de lo que decimos.
Luego, debemos estar atentos a la tentación. Como creyentes, tenemos la responsabilidad de apartarnos del chisme para que nuestros pensamientos y palabras le agraden a Dios. Estar cerca de quienes esparcen rumores puede tentarnos a participar, pero lo mejor es condenar esa conducta y negarnos a involucrarnos.
Por último, en lugar de hablar de alguien, es sabio orar por esa persona. Adoptar este hábito ayuda a entrenar la mente para reemplazar patrones pecaminosos por aquellos que agradan a Dios. La Biblia nos enseña a alentarnos y consolarnos unos a otros, y la oración es una buena manera de obedecer esa instrucción (1 Ts 5.11, 14, 17).
BIBLIA EN UN AÑO: 1 CRÓNICAS 25-27