¿Alguna vez ha estornudado en público y alguien le ha dicho “¡Salud!” o “¡Dios le bendiga!”? Piense en lo que significa: es una petición de favor divino. Si realmente deseamos recibir una bendición, hay varias cosas que podemos hacer.
Primero, podemos bendecir a otros orando por ellos, siendo específicos. Imagínese el ánimo que esto dará a quienes ven que nos preocupamos lo suficiente como para orar con intención, y que Dios responde a esas peticiones.
Segundo, podemos pedir el favor del Señor sobre eventos y situaciones, confiando en que Él responderá según su voluntad. Por ejemplo, es válido pedir que su presencia se manifieste en un servicio y toque los corazones de quienes asisten.
Tercero, podemos bendecir a Dios (Sal 104.1). Hacemos esto expresando alabanza y gratitud por su carácter y lo que ha hecho tanto en nuestra vida como en la de aquellos por quienes intercedemos.
El Señor provee una amplia variedad de bendiciones, y desearlas es normal y universal. De hecho, mientras anhelamos bendiciones divinas, ¿por qué no aplicar la regla de oro como motivación para bendecir a otros, incluyendo a Dios mismo, a través de la oración y el servicio?
BIBLIA EN UN AÑO: ÉXODO 22-24