Ayer dijimos que la culpa puede ser falsa o legítima. Sin embargo, en ambos casos la vergüenza que produce puede llevarnos a dudar de la presencia, la provisión y las promesas de Dios, e incluso de que nos ama de verdad.
Otra respuesta a la autocrítica es intentar “pagarle” al Señor por nuestros pecados. Algunos buscamos su aprobación manteniéndonos siempre ocupados, pero así descuidamos otras tareas y el remordimiento afecta nuestras relaciones. Esta autocondenación puede desalentarnos e incluso deprimirnos.
Por su efecto corrosivo, la culpa debe tratarse pronto. Si quebrantamos los mandamientos de Dios, debemos arrepentirnos y recibir su perdón. La culpa falsa se desvanece al aferrarnos a la verdad bíblica. Recuérdese quién es en Cristo...
Soy especial. Dios me escogió y me está transformando a la imagen de Cristo.
Soy amado. Dios me ama incondicional, inalterable y continuamente.
Soy perdonado. Jesucristo pagó la deuda de mis pecados. Dios me ha perdonado y adoptado para siempre en su familia.
Dios ha provisto una salida para el peso de nuestra culpa (Sal 103.12). Solo necesitamos aceptar su oferta.
BIBLIA EN UN AÑO: JUECES 7-9