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Valle de la Catedral en el Parque Nacional Capitol Reef, Torrey, Utah. Fotografía por Charles F. Stanley.
Meditación diaria

Nuestra lucha con la culpa

Por medio de Jesucristo podemos vivir sin culpa, libres del peso de los errores del pasado.

1 Juan 1.5-9

Para algunos de nosotros, la culpa es un compañero constante. Vivimos cargando los errores del pasado y temiendo fallar en el futuro. Incluso cuando intentamos avanzar, la autocrítica nos sigue de cerca.

La culpa que resulta de romper leyes bíblicas o humanas es legítima. Cuando transgredimos, el Espíritu Santo señala lo que está mal y cómo corregirlo. Luego, en respuesta a nuestra confesión, Dios nos ofrece perdón y limpieza de la culpa cada vez (Sal 32.5).

Algunos sentimientos de culpa son falsos. ¿De dónde vienen? Pueden surgir de las mentiras y acusaciones del enemigo, que buscan reemplazar la paz con turbación y el gozo con desaliento. El legalismo también genera culpa: aunque la Palabra de Dios establece cómo vivir, algunas personas o iglesias imponen reglas extras. Además, experiencias de la infancia —como traumas o sentir que no cumplimos las expectativas de nuestros padres— pueden llevarnos a juzgarnos con dureza.

Romanos 8.1 nos dice: “Ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús”. Si tiene luchas con culpa falsa, pídale al Señor que le ayude a recordar quién es usted en Él.

BIBLIA EN UN AÑO: JUECES 4-6