Saltar al contenido principal
Glaciar, Antártida. Fotografía por Charles F. Stanley.
Meditación diaria

La purificación de nuestra fe

Tal como un maestro escultor, Dios moldea nuestras vidas, quitando todo lo que no es un reflejo de Él.

Hebreos 11.32-40

A muchos nos gustaría tener la fe heroica de los santos mencionados en Hebreos 11; sus victorias y logros nos animan. Pero los versículos 36-38 nos muestran otra realidad: esa fe se forma a través de pruebas y sufrimientos, un proceso que no siempre queremos enfrentar.

Imagínese al Señor como un maestro escultor frente a un bloque de mármol. Ese bloque es usted. Al visualizar la obra de arte escondida dentro de la roca, Él amorosa y cuidadosamente va quitando todo lo que no se ajusta a la obra maestra que está creando.

Una de las primeras áreas con las que el Señor trata es nuestro carácter. Su objetivo es moldearnos a imagen de su Hijo. Y su cincel deja al descubierto raíces de pecado y egoísmo.

Cuando cualquier cosa o persona se vuelve más importante para nosotros que el Señor, tenemos un ídolo en nuestra vida. Para protegernos, Dios a veces usa la adversidad para eliminar todo aquello en que hemos confiado, de modo que nos aferremos solo a Él.

El cincel duele, y a veces parece que Dios nos quita lo que más apreciamos. Pero si confiamos en su obra y nos sometemos a ella, la adversidad purificará y fortalecerá nuestra fe (Stg 1.2-4).

BIBLIA EN UN AÑO: JUECES 1-3