A ninguno de nosotros nos gusta sufrir. Pero en las manos de Dios, las pruebas pueden convertirse en herramientas que nos moldean para ser las que Él tuvo en mente cuando nos creó.
Con nuestras propias fuerzas, a menudo carecemos de los recursos para enfrentar los grandes desafíos de la vida. Por eso Dios provee lo que necesitamos y nos da la conciencia de su presencia. En la lectura de hoy, los discípulos creyeron estar solos en una tormenta y, al ver al Señor, se asustaron pensando que era un fantasma. Cristo los calmó diciendo: “¡Tened ánimo; yo soy, no temáis!” (Mt 14.27). Durante las crisis, puede que no sintamos su presencia, pero Él ha prometido estar siempre con nosotros (Dt 31.6), ofreciendo consuelo y confianza para soportar cualquier prueba.
Otra promesa que Dios hace es proveer un camino a través de las pruebas. Los discípulos deben haberse preguntado si llegarían sanos y salvos a la orilla. Pero si de alguna manera hubieran evitado esta tormenta, se habrían perdido la demostración del poder de Jesucristo. Dios también quiere revelarnos su poder.
Pídale al Señor que le permita experimentar su presencia constante. Él le dará las fuerzas para perseverar y sabiduría para identificar el camino en medio de sus dificultades.
BIBLIA EN UN AÑO: LEVÍTICO 21-23