El pasaje de hoy contiene un mensaje solemne sobre las recompensas celestiales y cómo se adquieren. Pablo compara la obra del reino con los esfuerzos de un maestro constructor. Cristo es el único fundamento sobre el cual construir, pero cada uno de nosotros es responsable de los materiales que use. Podemos construir con madera, heno y hojarasca o con oro, plata y piedras preciosas. La obra de cada uno será probada con fuego para determinar la calidad de los materiales, y si sobreviven, recibiremos una recompensa (1 Co 3.14).
Para que nuestros logros perduren, debemos aprender a construir con materiales no perecederos. No seremos juzgados solo por nuestra “obra en la iglesia”, sino también por cómo manejamos otras responsabilidades. Esto significa realizar nuestros trabajos diarios con la misma diligencia que pondríamos en asuntos “espirituales” (Col 3.23, 24).
Pregúntese si está siendo sincero con el Señor. Recuerde que Él conoce nuestro corazón y la verdad de cada situación. Nuestro Padre celestial espera que hagamos nuestro mejor esfuerzo, y nos ha dado su Espíritu para santificar nuestros esfuerzos y permitir la calidad de trabajo que Él desea.
BIBLIA EN UN AÑO: 1 SAMUEL 13-14