La sociedad moderna tiene muchas soluciones para la infelicidad, pero la “felicidad” mundana siempre fracasa. Solo el poder transformador de Dios puede convertir a alguien con un espíritu quebrantado en un seguidor de Cristo contento que conoce su valor.
Para hallar plenitud, debemos recibir al Señor Jesucristo como Salvador; para ello, el pecado que nos separa de Dios debe ser borrado. Luego, con la fuerza del Espíritu Santo, podremos enfrentar las decepciones, heridas y pecados del pasado que nos dejaron sintiéndonos indignos.
Alguien pleno se siente satisfecho con la vida. La adversidad es inevitable, pero no destruye al creyente nacido de nuevo, porque sabe que Dios hace que todas las cosas obren para su bien (Ro 8.28).
En contraste, alguien que se siente fragmentado o vacío a menudo tiene la experiencia opuesta. Puede parecer bien por fuera mientras tiene una lucha en su interior. Esto puede ser incluso el caso de cristianos que no han aprendido a experimentar plenamente el amor de Dios.
El Señor puede y hará que su amor sea conocido por los creyentes que se lo pidan. Y a través de Él viene la plenitud que han estado buscando.
BIBLIA EN UN AÑO: 1 SAMUEL 10-12