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Patagonia. Fotografía por Charles F. Stanley.
Meditación diaria

En busca de plenitud

El Señor Jesucristo ofrece agua viva que sacia la sed de nuestra alma.

Juan 6.32-35

Dios nos creó para sentirnos cómodos con nosotros mismos. En términos espirituales, los seres humanos estamos diseñados para experimentar paz, gozo y contentamiento. Pero muchas personas pasan por la vida sintiéndose fragmentadas y vacías.

En Juan 4.7-30, Cristo habló con una mujer samaritana que claramente se sentía incompleta y desilusionada con el rumbo de su vida. Buscando llenar su alma con amor humano, había atravesado muchas relaciones desgarradoras y, en ese momento, se encontraba en una relación pecaminosa. Esta mujer había sumergido su “balde” una y otra vez en el pozo del amor humano, esperando encontrar la aceptación que llenara su vida, pero cada experiencia la dejaba más sedienta. Frente al Señor, se presentaba como un alma quebrantada y una marginada social.

Las personas a lo largo de la historia han estado bebiendo de pozos falsos. La verdad es que solo una relación con el Señor Jesucristo puede hacer que una persona se sienta plena. De Él viene el agua viva que sacia nuestra sed para siempre (Jn 7.37, 38). Esto significa que el Salvador suple todas nuestras necesidades en esta vida. En un mundo marcado por el pecado, no tendremos una existencia perfecta, pero a través de Cristo podemos esperar vivir con un sentido de satisfacción profunda y duradera.

BIBLIA EN UN AÑO: 1 SAMUEL 7-9