El apóstol Pablo escribió cartas exhortando a los cristianos a buscar la piedad en lugar de seguir los caminos del mundo. Lo cual hacemos al…
Presentar nuestro cuerpo a Dios. Todo nuestro ser —mente, voluntad, cuerpo físico, personalidad y emociones— debe ser entregado a nuestro Padre celestial (Stg 4.7). Someternos al Señor requiere tanto una decisión definida de darle el control, como el compromiso diario de permanecer bajo su autoridad. Al rendirnos a Él, nos posicionamos para una vida piadosa.
Convertirnos en un sacrificio vivo. Cristo dejó el cielo para habitar entre nosotros a fin de reconciliarnos con Dios. Ofreció su vida por nosotros (1 Jn 3.16). Y como creyentes, debemos seguir su ejemplo. Pablo usó el término “sacrificio vivo” porque es algo continuo y que se repite cada día.
La vida está llena de opciones, y muchas decisiones se reducen a elegir entre el camino de Dios o el nuestro. Dado que una vida justa se caracteriza por el enfoque en Cristo, un verdadero cristiano sacrifica sus propios deseos y obedece la voluntad de Dios. Aunque no llegaremos a ser perfectos, nuestra meta debe ser obedecer al Señor. Al hacerlo, descubrimos que somos más bendecidos al obedecerlo que al seguir nuestros deseos.
BIBLIA EN UN AÑO: 1 CRÓNICAS 1-3