Muchas invenciones modernas buscan ayudarnos a hacer tareas más rápido, pero no todo puede acelerarse. Así ocurre con nuestro crecimiento en Cristo, la santificación. Ser cristiano no es un evento ni una solución rápida, sino un camino. Debemos aprender lecciones a lo largo del recorrido y, aunque a veces tomemos rutas más largas por imprudencia, en realidad no hay atajos.
Por desdicha, hay personas que crecen muy poco después de su salvación. Otras no buscan madurar mediante la oración, la meditación en la Biblia ni la asistencia a la iglesia. Pero la Palabra de Dios nos exhorta a “crecer en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo” (2 P 3.18).
Considere los beneficios del crecimiento espiritual: cuanto más conocemos a Dios, mejor podemos caminar en obediencia y vivir una vida plena y con propósito para su gloria. Además, nos volvemos más capaces de discernir la verdad de la mentira.
¿Ha notado usted algún cambio en su vida y en su carácter desde que fue salvo? Su Padre celestial desea ayudarle a madurar en su vida espiritual. Por eso, haga un esfuerzo continuo por cooperar con Él al leer la Biblia, orar, congregarse en la iglesia y arrepentirse de cualquier pecado que cometa.
BIBLIA EN UN AÑO: NEHEMÍAS 8-10