Considere cómo se manifestó el tierno amor de Dios a través de la vida de Cristo. Los Evangelios mencionan que el Señor fue movido a compasión al ver dolor y necesidad.
Él no solo sanó a enfermos, sino que ofreció algo aún mayor: vida nueva mediante el perdón de los pecados. Incluso a sus enemigos, el Señor les dejó abierta la puerta del arrepentimiento.
El Señor también mostró compasión por quienes luchaban debido a los pecados que habían cometido. Lo vemos en cómo perdonó y restauró a Pedro después de haberlo negado (Jn 21.15-17) y cómo atendió las dudas de Tomás (Jn 20.27).
Hoy, la compasión de Dios sigue siendo personal y accesible. Él conoce nuestro sufrimiento y nos consuela por medio de su Espíritu, que habita en nosotros (Jn 14.16, 17). Cuando las aflicciones persisten, nos da fuerza para soportarlas (2 Co 12.7-9), y nuestros errores nunca disminuyen su amor por nosotros.
No hay situación que esté fuera del alcance de Dios. Su consuelo nos alcanza en medio de enfermedades, dificultades económicas o crisis familiares. Y al experimentar su consuelo, somos llamados a compartirlo con otros (2 Co 1.4). Como muchas personas necesitan su compasión, esto se convierte en un poderoso medio para difundir las buenas nuevas de Jesucristo.
BIBLIA EN UN AÑO: ESDRAS 8-10