Desde Génesis hasta Apocalipsis, la Biblia es inspirada por Dios. El pasaje de hoy afirma que toda la Palabra es “útil para enseñar, redargüir, corregir e instruir en justicia, a fin de que [estemos] enteramente equipados para toda buena obra” (2 Ti 3.16, 17). Ningún otro libro tiene tal valor para la vida.
El Antiguo Testamento revela la naturaleza, los caminos y el poder de Dios, y establece las bases para comprender su santidad y nuestra necesidad del Salvador. El Nuevo Testamento muestra que Jesucristo es el “puente” hacia el Padre mediante su sacrificio (Jn 14.6). Los escritos bíblicos explican por qué debemos confiar en Dios para salvación, cómo vivir como hijos de Dios y qué esperar en esta vida y en la venidera.
Debemos emocionarnos con la Palabra de Dios, que es una de nuestras mayores fuentes de esperanza. Está llena de principio a fin de instrucciones que conducen a la victoria, tanto durante la vida terrenal como después de la muerte. Por eso es sabio apartar cada día tiempo para meditar en las Sagradas Escrituras. Ya sean cinco minutos o una hora, pase tiempo con el Padre en las páginas de su Palabra. Él quiere ayudarle a comprender y aplicar sus enseñanzas para que pueda vivir con gozo al experimentar las profundidades de su gran amor.
BIBLIA EN UN AÑO: DEUTERONOMIO 28-30