Cuando el apóstol Pablo describió la armadura de Dios, incluyó cada pieza que usaba un soldado romano, incluso el calzado (Ef 6.13-18). El lenguaje indica que el propósito de la armadura es ayudarnos a “estar firmes”. Después de todo, ¿de qué sirve una armadura si no nos permite mantener el equilibrio?
Pablo identificó el calzado como “el apresto del evangelio de la paz” (Ef 6.15). El calzado del soldado romano tenía clavos metálicos incrustados en la suela, lo que le daba un apoyo seguro en terrenos irregulares y en el caos de la batalla. Con los pies firmemente asegurados, el guerrero tenía una ventaja evidente: la capacidad de mantenerse firme. Esta parte de su equipo le permitía mantener su posición sin importar los peligros que enfrentara en el campo de batalla.
Eso es justo lo que nuestro Padre celestial desea para sus hijos: que puedan mantenerse firmes frente a las dificultades. Cuando llegan las tormentas —y llegarán— necesitamos más que buenas intenciones o pensamiento positivo. Necesitamos algo sólido bajo nuestros pies. Esto solo es posible cuando afirmamos con firmeza nuestros pies en Jesucristo y confiamos en el evangelio de paz que Él nos ha dado. Con Él como nuestro fundamento, podemos permanecer firmes.
BIBLIA EN UN AÑO: 2 CRÓNICAS 26-28