La Biblia nos enseña a hablar a otros acerca de Cristo. Y aunque compartir el evangelio es una gran bendición, nuestra responsabilidad no termina allí. También debemos acompañar y animar a los nuevos creyentes. Piense en quienes han invertido en usted a lo largo de los años, ayudándole a conocer a Jesucristo y a crecer en su fe (Pr 27.17). ¿Dónde estaría usted sin su amor?
Este tipo de inversión se llama discipulado, y es tanto un honor como un privilegio. Como cristianos, podemos compartir el evangelio y acompañar a otros en su crecimiento espiritual. Lo hacemos compartiendo lo que Dios nos ha enseñado por medio de su Palabra y de nuestra experiencia:
Pasar tiempo con Dios. Eso nos mantiene en sintonía con su Espíritu.
Estar preparados con un plan. Los nuevos creyentes necesitan practicar los fundamentos de la vida cristiana: leer la Biblia, orar y encontrar una comunidad donde crecer en la fe.
Compartir lo que implica seguir a Cristo. Saber qué esperar les dará confianza a medida que maduran espiritualmente.
Todos enfrentamos luchas al aprender los fundamentos de la vida en Cristo. Por eso necesitamos hermanos que nos brinden consejo y ánimo para avanzar en el camino de la fe (1 Ts 5.11).
BIBLIA EN UN AÑO: MATEO 25-26