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Golondrinas, reserva nacional de Masái Mara, Kenia. Fotografía por Charles F. Stanley.
Meditación diaria

La consecuencia del desánimo

La manera en que reaccionamos cuando tenemos motivos para desanimarnos determina la forma en que experimentamos la fidelidad de Dios.

Salmo 40.1-3

El desánimo es un problema común. Como vimos ayer, puede empezar con una mente dividida, pero fácilmente puede convertirse en culpar a los demás y en dejarse dominar por la ira. Por desgracia, sus efectos no terminan ahí.

Cuando las decepciones se acumulan sin resolverse, nuestras relaciones sufren. Si vemos a la persona que nos decepcionó como la fuente de nuestros problemas, podemos alejarnos o poner fin a la relación. La decepción no resuelta también puede dañar, con el tiempo, nuestra autoestima.

La consecuencia más grave es el desvío espiritual (He 2.1). Cuando el desaliento se apodera de nosotros, el Señor puede parecer distante o indiferente, no porque Él se haya retirado, sino porque hemos levantado muros a nuestro alrededor. Entonces, lo que antes eran pilares de nuestra fe —la adoración, el estudio bíblico, la oración— pueden caer en el olvido.

No permita que las decepciones se acumulen y le hagan daño. El Salmo 40.2 nos recuerda que el Padre celestial puede sacarle de situaciones difíciles y poner sus pies sobre terreno firme. Cuando se sienta desanimado, acuda al Señor: Él pondrá un cántico nuevo en su boca, un himno de alabanza a Él (Sal 40.3). Que su lucha sea una oportunidad para experimentar la fidelidad de Dios.

BIBLIA EN UN AÑO: PROVERBIOS 22-25