Saltar al contenido principal
Isla de Patmos en el mar Egeo, Grecia. Fotografía por Charles F. Stanley.
Meditación diaria

La desconexión con Dios

El orgullo crea distanciamiento de Dios, y eso hace que perdamos sus bendiciones.

1 Samuel 13.5-14

Saúl lo tenía todo a su favor. Además de ser hijo de un hombre muy respetado, era alto, apuesto y tenía una presencia impresionante (1 S 9.1, 2). Como Dios lo eligió para liderar a Israel en un tiempo en que la nación enfrentaba enemigos formidables, podemos suponer que también era valiente y carismático. Incluso el profeta Samuel habló de él con admiración: “No hay semejante a él en todo el pueblo” (1 S 10.24).

Pero Saúl pasó gran parte de su reinado desconectado de Dios. Sus errores de juicio surgieron, en gran medida, de un sentido inflado de autosuficiencia. Un solo error provocó una cadena de pecados, como vemos en su desesperada y celosa persecución para matar a David.

Cuando las personas se valoran más de lo debido (Ro 12.3), dejan de depender de la guía divina. Saúl creyó saber más que Dios: ignoró la ley y ofreció un sacrificio antes de la batalla en lugar de esperar a Samuel, pese a las instrucciones claras. Al negarse a obedecer, Dios entregó el reino a alguien que sí lo haría (1 S 16.13, 14).

El orgullo siempre nos aleja del camino de Dios. Pero el Señor recibe con agrado a quien se desvía y regresa. La bendición y el gozo esperan a quienes caminan con Él.

BIBLIA EN UN AÑO: SALMOS 15-18