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Fotografía por Charles F. Stanley.
Meditación diaria

La gloria de Cristo

Hoy, el día de Navidad, se nos recuerda una vez más que esperar en el Señor nunca es en vano.

Para sacarle el máximo provecho a este devocional, lea los pasajes a los que se hacen referencia.

A lo largo del adviento, hemos esperado la paz, la alegría y el amor de Dios. Y ahora nuestra redención se acerca. ¡Gloria a Dios en las alturas! ¡Aleluya! Amén.

Hoy, el día de Navidad, se nos recuerda una vez más que esperar en el Señor nunca es en vano. Incluso cuando esperar en Él parezca infructuoso, es una práctica rica y gratificante, que nos sostiene con esperanza.

No importa lo larga que sea la noche, nunca estamos perdidos ni olvidados. Nos regocijamos porque el prometido —a quien llamamos “Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz”— ha llegado (Is 9.6).

Así que hoy, gócese en la luz y la gloria de Cristo. Alce su voz con los creyentes de todo el mundo, y diga: “¡Al mundo paz, nació Jesús! Nació ya nuestro Rey; el corazón ya tiene luz... Ya es feliz el pecador, Jesús perdón le da... Al mundo Él gobernará con gracia y con poder; a las naciones mostrará su amor y su poder”.

PIENSE EN ESTO

  • Es refrescante llevar la alegría del día de Navidad hasta el final del año y el comienzo del nuevo. Haga un plan: ¿qué puede hacer cada día para recordar quién es usted y de Quién es?

Biblia en un año: 1 Juan 1-5