Cuando estudiamos un versículo de la Biblia, es importante considerar el contexto. Si no lo entendemos, podemos hacernos una idea equivocada.
El Salmo 37 es un buen ejemplo. En el v. 4, David escribe que Dios “te concederá las peticiones de tu corazón”. Por sí sola, esta frase hace que el Señor parezca el genio de una lámpara mágica. Pero el versículo completo revela que nuestros deseos se cumplen cuando nos deleitamos en el Señor. Lo que esto significa es que, cuando nos deleitamos en pasar tiempo con el Padre celestial, aprendiendo lo que le agrada y orando por discernimiento, nuestro corazón se alinea con el suyo.
En el versículo 5 del mismo salmo, se nos promete de nuevo recibir los deseos de nuestro corazón cuando encomendamos nuestro camino al Señor. Luego, en el versículo 7, David escribe: “Guarda silencio ante Jehová, y espera en él”. La clase de deseos a los que David se refiere provienen de un corazón comprometido con Dios y su tiempo perfecto. Cristo lo confirmó cuando prometió: “Buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas” (Mt 6.33).
En el contexto más amplio, vemos que Dios no es una fuente de gratificación instantánea, sino —y aún mejor— un Padre sabio y amoroso. La descripción completa, fiel y exacta de la Biblia siempre es la mejor.
Biblia en un año: Proverbios 16-18