Ayer hablamos sobre el origen del pecado; consideremos hoy cómo responde a él nuestro Dios soberano. Su respuesta revela mucho acerca de su carácter.
A veces el Señor permite que el pecado siga su curso completo. Después del éxodo, prometió bendiciones a Israel si eran obedientes; cuando desobedecieron una y otra vez, Él “los dejó a la dureza de su corazón” (Sal 81.8-12). Dios seguía teniendo el control, pero decidió permitirles que experimentaran las consecuencias de su rebelión.
En otras ocasiones, Dios intervino para proteger a los vulnerables. Por ejemplo, cuando Abraham mintió diciendo que Sara era su hermana, el rey de Gerar la llevó a su casa sin conocer la verdad. Dios intervino para evitar consecuencias injustas, no anulando la voluntad humana, sino protegiendo a quienes estaban en riesgo (Gn 20.6). Y para los creyentes, también promete limitar el efecto de la tentación y proveer una vía de escape (1 Co 10.13).
A veces no entendemos por qué el Señor permite que algunos pecados sigan su curso y en otras situaciones interviene. Sin embargo, podemos confiar en que su carácter no cambia (Stg 1.17) y que siempre cumple sus promesas (2 Co 1.20). Aunque sus respuestas varíen, su bondad permanece inmutable.
BIBLIA EN UN AÑO: AMÓS 5-9