A lo largo de la Biblia vemos la autoridad de Dios sobre la humanidad y la naturaleza. Sin embargo, muchos se preguntan cómo reconciliar su control soberano con la existencia del mal. La Palabra de Dios no da todas las respuestas, pero sí ofrece una base firme sobre la cual apoyarnos.
Al principio, Dios creó un mundo perfecto y declaró que todo lo que había hecho era bueno (Gn 1.31). El mal no formaba parte de lo que Él había moldeado. Pero Dios creó a los seres humanos con la capacidad de amarlo, y el amor requiere la libertad de elegir. Cuando Adán y Eva eligieron desobedecer, el pecado entró en nuestro mundo y corrompió a la humanidad (Ro 5.12).
El mal no fue creado por Dios; es algo que Él aborrece (Pr 6.16-19), aunque ha permitido su existencia en un mundo caído. Aun en medio de la oscuridad, Él obra para redimir lo que el pecado ha destruido. Cómo lo hace sigue siendo un misterio que nos recuerda que sus caminos y pensamientos son más altos que los nuestros (Is 55.8, 9).
Cuando la soberanía de Dios le resulte desconcertante, aférrese a lo que sí sabe: Él es bueno, tiene el control y nos invita a confiar en Él, aun cuando no comprendamos todas las cosas.
BIBLIA EN UN AÑO: AMÓS 1-4