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Jengibre antorcha, Maui, Hawái. Fotografía por Charles F. Stanley.
Meditación diaria

La tarea del creyente

Dios nos dio a cada uno dones especiales con un mismo propósito: servir a otros y glorificarlo a Él.

Romanos 12.4-8

En Romanos 12, Pablo presenta una imagen maravillosa de la Iglesia: somos un solo cuerpo con muchos miembros, cada uno con dones únicos dados por la gracia de Dios para servir a los demás.

Esta es una idea radical por su sencillez. Pablo escribe que somos “miembros los unos de los otros” (Ro 12.5). Nuestras vidas están entrelazadas en Cristo. La fe es bastante personal, pero jamás fue pensada para vivirse en aislamiento. Fuimos creados unos para otros: para llevar cargas, compartir alegrías y crecer juntos con aquellos que Dios ha puesto en nuestro camino.

Por eso, ningún don es demasiado pequeño y ningún miembro es pasado por alto. Algunos sirven de maneras que toda la iglesia puede ver: enseñando, liderando, predicando. Otros sirven en silencio al llevar comidas, escuchar con atención u orando fielmente por personas que quizás nunca conocerán. Pablo no ve jerarquías: la mano no es más importante que el pie; el ojo no es más esencial que el oído (1 Co 12.14-18).

Lo que importa es nuestra fidelidad al usar nuestros dones para el bien de los demás (1 Co 12.7). En esto hay una libertad profunda. No tenemos que competir ni compararnos. Nos pertenecemos unos a otros, y juntos pertenecemos a Cristo. Sea cual sea su parte, es valiosa porque el Cuerpo le necesita.

BIBLIA EN UN AÑO: MARCOS 13-14