La frustración de intentar seguir a Cristo solo con el esfuerzo humano hace que muchos creyentes se sientan fracasados. Basándose en Gálatas 5, el Dr. Stanley explica los beneficios de aprender a confiar en el poder del Espíritu Santo que mora en nosotros. Descubra la paz de vivir guiado por el Espíritu Santo.
Bosquejo del Sermón
En ocasiones, intentar llevar una vida que agrade a Dios nos parece una tarea imposible. Esta semana, el Dr. Stanley disipa la confusión con una verdad liberadora: Es una tarea imposible para nosotros. Sin embargo, Dios ha provisto justo la ayuda que necesitamos para vivir en victoria.
Pasaje clave: Gálatas 5.16-26
Lecturas de apoyo: Juan 8.19; Romanos 6.18; Efesios 2.8, 9; 4.30
A lo largo de cada día, hay momentos en que debemos escoger entre confiar en el Espíritu Santo o confiar en nosotros mismos.
“Nosotros solos no somos capaces de llevar una vida cristiana. Esa es la razón por la que vino el Espíritu Santo”.
Andar en el Espíritu (Gálatas 5.16) significa…
Confiar en su presencia, la cual nos fortalece y capacita para obedecer a Dios.
Reflejar la vida de Jesucristo en nuestra conducta, nuestra conversación y nuestro carácter.
Tomar una serie de decisiones continuas, momento tras momento, día tras día, para depender de Él y no de nosotros mismos.
Aceptar que lo necesitamos para obedecer cada día.
Para depender del Espíritu Santo, debemos…
Ser regenerados. Debemos nacer de nuevo, porque el Espíritu Santo mora en cada creyente que ha sido salvo.
Someternos a Él. No podemos depender del Espíritu Santo mientras vivamos en desobediencia (Efesios 4.30).
Confiar en Él. Somos salvos por medio de la fe y llamados a vivir por fe, mientras dependemos del Espíritu Santo en los asuntos espirituales y en los del diario vivir (Efesios 2.8, 9).
“Cuando somos probados y tentados, podemos depender de la presencia del Espíritu Santo”.
Los tres enemigos espirituales del creyente en Cristo:
El diablo. Es un adversario poderoso, al que no podemos vencer con nuestras propias fuerzas.
El mundo. El sistema en el que vivimos no conoce a Dios y nos presiona para que vivamos como si tampoco lo conociéramos (Juan 8.19).
La carne. Hemos recibido una nueva naturaleza, pero debemos lidiar a diario con lo que queda en nosotros de la antigua naturaleza pecaminosa (Gálatas 5.17).
Existen dos naturalezas:
La naturaleza pecaminosa. Es la que domina y gobierna la vida de los incrédulos (Ga 5.19-21).
La nueva naturaleza del creyente. Es la que desea agradar a Dios y nos permite ser obedientes (Ro 6.18).
Andar en el Espíritu…
Consiste en rechazar las obras de la carne, como el “adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías y cosas semejantes a estas” (Ga 5.19-21).
Produce el fruto del Espíritu, el cual es “amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza” (Ga 5.22, 23).
Después de ver el sermón
Identifique un área de su vida con la que batalla; puede ser una relación, un mal hábito o una tentación recurrente. A menudo, estas son cargas que tratamos de llevar en silencio con nuestras propias fuerzas. Escriba la situación y póngala en las manos de Dios en oración. Doble la hoja de papel y colóquela en su Biblia, para que pueda verla cuando necesite consuelo.
De ser posible, recuerde una ocasión en la que reconoció la presencia del Espíritu Santo y enfrentó un desafío con una fortaleza que sabía que no provenía de usted. Reflexione en cuanto a ese momento por unos instantes. Ese era el poder de Dios obrando en su vida. Agradézcale y pídale que siga obrando en usted y por medio de su vida.