En su Palabra, Dios nos exhorta a servirnos los unos a los otros (Ga 5.13). Sin embargo, en la vida tarde o temprano habrá personas y situaciones que hagan de este llamado un desafío.
Una comprensión bíblica del servicio nos ayuda a obedecer la instrucción del Señor con alegría, sin importar quién sea el destinatario o cuán complicadas se vuelvan las cosas. ¿Cuál es la razón? Que es a Dios a quien servimos en realidad.
Cuando nuestra motivación principal es glorificar a Dios, esto influye en todo lo que hacemos: mejora la calidad de nuestro trabajo y nos ayuda a no desanimarnos. Sea cual sea nuestra labor —manejar un camión, dirigir una empresa o cuidar de nuestros niños—, podemos esforzarnos al máximo con la fuerza que Él nos da. Además, podemos confiar en que Dios usará nuestro trabajo para sus propósitos, incluso cuando a nosotros o a otros nos parezca que los resultados son poco evidentes.
A quien sea que el Señor nos llame a servir y lo que sea que nos pida que hagamos, podemos obedecer con corazones gozosos cuando lo hacemos para Dios. Si esta es nuestra motivación, no necesitaremos la aprobación del mundo. Lo único que necesitamos saber es que nuestro Padre celestial está complacido y nos recompensará si le servimos de todo corazón (Ef 6.7, 8).
BIBLIA EN UN AÑO: SALMOS 60-66